México no es un país de té. Es un país de infusiones — y la diferencia importa.
Antes del té ya había infusiones
Mucho antes de que llegara la Camellia sinensis, en Mesoamérica ya se preparaban bebidas de hierbas. El cacao, el maguey, el epazote, la manzanilla que llegó después y se quedó, el pericon, la damiana, el toronjil.
La herbolaria mexicana es una de las más ricas del mundo: se estima que en el país se usan más de cuatro mil plantas con fines tradicionales.
Cómo llegó el té
El té llegó tarde a México y por una ruta poco conocida: el Galeon de Manila, que durante dos siglos y medio conectó Acapulco con Filipinas.
En esos barcos venía seda, porcelana, especias —y té chino. Pero nunca desplazó a las infusiones locales: se sumó a ellas.
La cultura del agua de tiempo
Hay una costumbre mexicana que no existe igual en otros lados: dejar una jarra de agua con hierbas o cortezas reposando todo el día. Palo de brasil, cebada, jamaica, tila.
No es té ni es agua fresca. Es agua de tiempo, y es probablemente la forma más mexicana de tomar infusiones.
Las hierbas que definen la mesa mexicana
La manzanilla, en toda casa. La hierbabuena, del caldo a la taza. El toronjil y la tila, de las tardes tranquilas. El zacate limón, que aquí llamamos té limón. La jamaica, que llegó de África y se volvió emblema nacional.
Y las de la herbolaria más específica: cuachalalate, carricillo, doradilla, prodigiosa, gordolobo.
Lo que hacemos en Molienda Sagrada
Nuestro trabajo es exactamente ese cruce: tés de India, China y Japón conviviendo con herbolaria mexicana en la misma mesa.
Hay mezclas donde el encuentro es literal: Negro Salvia une té negro de India con salvia silvestre mexicana. Bugambilia Canela toma una flor de patio y la vuelve infusión.
Explora la Herbolaria Mexicana, con más de cincuenta plantas de nuestra tradición, y las Tisanas Herbales de la casa.