El té helado se inventó por accidente y por desesperación. En la Feria Mundial de San Luis de 1904, un comerciante no lograba vender té caliente en pleno verano. Le puso hielo. Se hizo la fila.
El error más común
Casi todo el mundo prepara el té helado igual que el caliente y luego le echa hielo. El resultado es una bebida aguada y sin carácter.
La razón es simple: el hielo diluye. Si preparas a concentración normal, el hielo te la baja a la mitad.
Los dos métodos que sí funcionan
En caliente, al doble. Usa el doble de hoja o la mitad de agua, prepara normal, deja enfriar a temperatura ambiente y sirve sobre hielo. Rápido y confiable.
En frío (cold brew). Pon la hoja en agua fría y deja en el refrigerador de seis a ocho horas. Toma más tiempo pero el resultado es superior: nunca amarga, porque el frío no extrae los taninos que amargan.
Proporción para cold brew: una cucharada colmada por litro.
No lo enfríes de golpe
Si metes el té caliente directo al refrigerador, se enturbia. Es un fenómeno real —se llama tea cream— y ocurre cuando los taninos y la cafeína se agrupan al bajar bruscamente la temperatura.
No afecta el sabor, pero se ve feo. Déjalo enfriar a temperatura ambiente primero.
Cuáles funcionan mejor fríos
Las tisanas frutales son las mejores: su acidez se realza en frío y no tienen cafeína, así que se pueden tomar todo el día.
Los tés verdes cítricos también funcionan muy bien.
Los tés negros aguantan hielo y limón sin perderse.
Y el rooibos, que nunca amarga, es infalible.
Nuestra línea de té helado
Jengibre Durazno, Rooibos Pera —sin cafeína— y Té Negro Clásico.
También prueba frías nuestras Tisanas Frutales — Cítricos y Exotropic son de las mejores.
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